El Sol ‘devorará’ a la Tierra: Así será el fin del Universo según el físico Brian Greene
El reconocido científico explicó en Brasil que la vida y las galaxias son solo “islas temporales de orden” en medio del caos. El colapso final será lento, frío y absolutamente silencioso.
El fin de los tiempos no llegará acompañado de explosiones ni estruendos apocalípticos. En realidad, el colapso del Universo será un proceso lento, frío e increíblemente silencioso. Esta fue la premisa central de la conferencia “El fin del tiempo”, presentada este jueves por el físico teórico y divulgador científico Brian Greene en la Rio Innovation Week, celebrada en Río de Janeiro.
Conocido por acercar los conceptos más complejos de la cosmología y la teoría de cuerdas al gran público, Greene trazó la cronología definitiva del Cosmos. Su relato abarcó desde la chispa inicial del Big Bang, hace unos 14 mil millones de años, hasta el inevitable desvanecimiento de toda la materia en un futuro muy lejano.
“Citando al escritor ruso Vladimir Nabokov, yo diría que nuestra existencia no es más que un rayo de luz entre dos eternidades de oscuridad”, afirmó Greene durante su presentación en el muelle Mauá.
El poder destructivo de la entropía
La fuerza motriz detrás de este destino inexorable es la entropía, es decir, la tendencia natural de todo el Universo a pasar del orden al desorden. Según el físico, la vida y las galaxias son apenas islas temporales de orden dentro de un océano de caos en constante expansión.
El científico explicó que la entropía es el proceso mediante el cual el Universo degrada las estructuras y destruye las cosas, pasando implacablemente de una baja a una alta entropía a medida que avanza el reloj cósmico.
La metáfora del Empire State
Para ilustrar este viaje hacia el fin de los tiempos, Greene utilizó una didáctica metáfora visual basada en los 102 pisos del icónico Empire State Building de Nueva York, donde cada nivel representa un salto exponencial en el tiempo. Actualmente, la humanidad se encontraría apenas en el décimo piso, mientras que el fin ocurrirá en el nivel 102.
Al llegar al piso 11, el Sol agotará su combustible y se expandirá más de 200 veces, devorando a Marte, Venus y, muy probablemente, a la Tierra. Luego, en el piso 12, la expansión acelerada del Universo alejará cada vez más a las galaxias, a tal velocidad que la oscuridad dominará por completo el cielo visible.
El científico detalló que en el piso 20, si la Tierra logró salvarse del Sol, finalmente desaparecerá de todos modos. En el nivel 30, las estrellas serán devoradas por los agujeros negros supermasivos que habitan el centro de cada galaxia. Más adelante, al llegar al piso 38, los protones, el corazón mismo de la materia, se desintegrarán.
Para el piso 50, si aún queda algún ser consciente, tendrá su último pensamiento. El Universo estará tan saturado de energía que no tendrá capacidad de absorber calor, por lo que cualquier actividad cerebral literal y físicamente se “freirá”. Finalmente, en el piso 100, hasta los agujeros negros se evaporarán en una sopa de partículas frías, tan distantes unas de otras que no habrá ninguna interacción. A este lúgubre escenario se le conoce como el “congelamiento eterno”.
El valor de la existencia humana
Si todo está destinado a evaporarse, surge la duda sobre el sentido de la existencia humana. En este punto, Greene unió la física con la filosofía, asegurando que comprender la inmensidad del tiempo no disminuye nuestra importancia. Por el contrario, evidencia que nuestra capacidad de producir conocimiento y hacernos preguntas es un acontecimiento extremadamente raro y precioso.
“Si piensan en su propia existencia, percibirán lo improbable que es estar aquí. Cada uno de nosotros ganó la lotería más improbable de todas, la del Cosmos. El hecho de que las partículas se hayan juntado momentáneamente para formar seres capaces de pensar, amar, componer música e investigar las propias leyes del Universo es un milagro estadístico y poético. Por más rara y momentánea que sea nuestra existencia, debemos ser muy agradecidos”, concluyó.
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