Caseteras, vinilos y salas de cine: la generación Z apaga la pantalla para reconectar con lo análogo
Demasiadas pantallas, el aumento de precios y contenidos que desaparecen de internet, los jóvenes vuelven a comprar discos y a reunirse frente a una pantalla grande.
por Florencia Muñoz Pérez
Hoy en día es fácil llevar millones de canciones y películas en el celular pagando una suscripción mensual. Sin embargo, muchos jóvenes están haciendo lo contrario: se alejan de las aplicaciones para buscar nuevamente lo análogo. La misma inmediatez ha provocado una desconexión con el mundo físico, ya que las aplicaciones hacen que el contenido se consuma rápido y sin pausas. Es aquí la búsqueda que emprenden algunos de la generación Z haciendo un camino diferente.
Comprar un casete o poner un vinilo en casa cambia por completo la forma de escuchar. Obliga a poner atención, mirar la carátula, leer las letras y escuchar el disco completo, sin saltarse canciones. Además, para muchos representa una forma real de apoyar a sus artistas favoritos, sabiendo que las plataformas de internet pagan muy poco por cada reproducción.
A esto se suma una molestia común: el pagar una suscripción todos los meses no hace obtener nada tangible. Si dejas de pagar, te quedas sin música y sin películas. En cambio, tener un disco es algo seguro que nadie puede borrar y que no depende de tener buena conexión a internet. El disco, el casete o CD se cuida, se guarda y se comparte.
Este cambio de hábito también se nota en la calle. Las ferias, tiendas de antigüedades y los puestos de discos usados se han llenado de compradores jóvenes que prefieren buscar joyas escondidas en una caja antes que recibir recomendaciones automáticas de una aplicación. De esta forma, lo físico crea comunidad, permite conversar cara a cara con el vendedor, intercambiar música con amigos y darle un espacio propio a las cosas dentro del hogar.
Algo parecido pasa también con las películas. El buscar por horas qué ver en diferentes aplicaciones ha llevado a muchos a volver a las salas de cine o a muestras locales. Ver una película en pantalla grande implica apagar el teléfono, concentrarse en una historia de principio a fin y compartir las emociones con las personas alrededor, rescatando un ritual colectivo que se pierde por completo cuando se mira en las plataformas de streaming.
Volver a lo análogo aparece así como un respiro necesario y un rescate cultural valioso, pero no está libre de contradicciones. Este mismo entusiasmo ha provocado un efecto no deseado en el mercado, un aumento en los valores de los objetos vintage. Antes era una alternativa económica, pero hoy en día se vende como artículo de lujo, elevando el valor de vinilos, casetes y reproductores antiguos a precios que muchas veces superan el costo de las propias suscripciones que se buscaba dejar atrás.
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