Mucho discurso, cero respuestas: Córdova firma otra noche negra al mando de Chile
Mirco Salgado
Lo ocurrido en St. Louis ante Estados Unidos trascendió la categoría de una simple derrota en un amistoso. La caída por 4-2 del combinado nacional expuso de forma cruda y alarmante la absoluta incapacidad de Nicolás Córdova para sostener un partido internacional, gestionar ventajas mínimas y dotar a la Selección Chilena de una mínima estructura competitiva.
Una ventaja de papel y un repliegue suicida
Cuando Maximiliano Gutiérrez anotó el 1-2 al minuto 48, Chile se encontró con un premio excesivo para lo que mostraba el desarrollo del juego. Pero lejos de utilizar ese impulso para adueñarse del trámite o congelar las posesiones, el equipo de Córdova se evaporó por completo.
Apenas dos minutos duró la ilusión. Al minuto 50, Julian Hall marcó el empate tras una desatención defensiva que retrata la falta de trabajo en la zaga. Resulta insostenible que un director técnico que insiste en entrenamientos estructurados permita que la línea del fondo encabezada por Jonathan Villagra e Iván Román quede sistemáticamente expuesta en el mano a mano ante la velocidad norteamericana.
Cambios que empeoraron lo inaceptable Si el planteamiento inicial careció de solidez en el mediocampo (donde el equipo cedió el 58% de la posesión), la gestión del banquillo por parte de Córdova rayó en el descalabro
Sustituciones desordenadas
Los ingresos de Paulo Díaz, Rodrigo Echeverría y Vicente Pizarro en la segunda mitad no aportaron contención ni circuito de pase. El equipo terminó fraccionado en dos.
Cero respuesta al balón parado
El gol de Chris Richards a los 71 minutos llegó tras una marca pasiva en pelota detenida, un déficit recurrente que el cuerpo técnico sigue sin corregir.
Incapacidad de reacción
Mandar a la cancha a Gonzalo Tapia a los 83 minutos con el marcador en contra solo confirmó la falta de un plan B estructurado, terminando con el lapidario 4-2 de Mathis Albert en los descuentos.
El cuento del “proceso” no aguanta más
Córdova suele defenderse en las ruedas de prensa bajo el escudo del “recambio generacional” y la “intensidad de los entrenamientos”. Sin embargo, en el fútbol de alto rendimiento, la intensidad que no se traduce en disciplina ni en resultados es mera fachada
La conducción técnica de La Roja no está a la altura de las exigencias internacionales. La Selección sigue flotando en la deriva táctica y, a este ritmo, el supuesto “proceso de renovación” amenaza con terminar en un fracaso estrepitoso y lejos de llevarnos a una clasificación al mundial 2030.
Share this content:





