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El patrimonio que estamos dejando atrás

Señor Director:

Concepción es una ciudad que ha sabido levantarse una y otra vez frente a las adversidades. Sin embargo, a través de su historia se ha evidenciado una pérdida que es mucho menor a la que ha surgido por fenómenos naturales o transformaciones estructurales: el progresivo abandono del patrimonio material y cultural.

Basta recorrer el centro penquista para encontrar edificios históricos deteriorados, tales como los inmuebles aledaños a la Catedral de la Santísima Concepción, el Mercado Central o el Cerro Amarillo, fachadas cubiertas de rayados o espacios emblemáticos que, con el paso del tiempo, han ido perdiendo el valor que alguna vez representaron para la comunidad. Estos lugares no son simples construcciones; son parte de la memoria colectiva de la ciudad y reflejan la identidad de quienes la habitan.

Si permitimos que el patrimonio desaparezca por falta de mantención o desinterés, también estamos renunciando a una parte de nuestra historia. Las nuevas generaciones merecen conocer una ciudad que conserve sus raíces y que sea capaz de transmitir el legado de quienes la construyeron antes que nosotros.

Por supuesto, la responsabilidad no recae únicamente en las autoridades. Como ciudadanos también debemos valorar estos espacios, respetarlos y comprender que cuidar el patrimonio no es un acto de nostalgia, sino una forma de fortalecer el sentido de pertenencia y proyectar una ciudad con identidad propia.

Concepción posee una riqueza histórica, cultural y universitaria que la distingue de otras ciudades dentro del país, y que incluso enaltece su papel en él. Preservarla requiere voluntad política, inversión, pero también compromiso ciudadano. Solo así podremos asegurar que nuestra historia no quede reducida a fotografías antiguas, sino que continúe formando parte de la vida cotidiana de quienes caminamos por sus calles.

Por Javiera Briones Ortega
Estudiante de Periodismo, Universidad de Concepción.

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