El Circo Chileno: Tradición, desafíos y el futuro del arte popular
Por Javiera Briones Ortega.
Septiembre llega y se tiñe de colores patrios, junto con todos los símbolos nacionales. En ese marco, también se celebró el pasado sábado 6 el Día del Circo Chileno, donde a lo largo y ancho del país, un sinnúmero de carpas multicolores se levanta, y, de norte a sur, llevan entretención hasta puntos impensables.
Las luces que se encienden bajo la carpa, el olor de las palomitas, el sonido de los tambores y la expectación del público son las cosas que continúan marcando las vidas de decenas de familias circenses a lo largo de Chile. Pero, más allá del espectáculo, el mantener viva esta tradición con más de 150 años de historia, significa enfrentar hoy un escenario complejo: la burocracia, cambios en el consumo cultural y la necesidad de adaptar las presentaciones y contenidos a un mundo digital muchas veces degenera la magia del circo.
Orgullo familiar
Estos shows itinerantes, los cuales son transmitidos de generación en generación, se sostienen principalmente en comunidades que dedicaron sus vidas a estas prácticas. Pues la carpa no es solo un recinto de funciones, sino también un hogar itinerante donde la disciplina, la creatividad y la unión se entrelazan.
“Es un orgullo pertenecer a una familia circense tradicional chilena, y que aún podamos tener viva esta tradición. Hay que nutrirlo día tras día, con el esfuerzo en los ensayos, el sacrificio en los armes y desarmes de las instalaciones, y el sudor de muestra frente para poder vivir de esto. Es hermoso, pero a la vez muy esforzado”, comenta Kiaritza Farías, encargada de redes sociales de Fénix Circus, uno de los circos tradicionales que recorre el país.
El valor del espectáculo
Aunque el circo es reconocido oficialmente como patrimonio cultural inmaterial de Chile, quienes lo mantienen activo sienten que el reconocimiento no se traduce en el apoyo real. “Lamentablemente sentimos que existe una desvalorización. No se le da el crédito que merece, sobre todo cuando cada vez se ponen más barreras administrativas en los municipios”, señalan desde Fénix Circus.
Lucas Vergara, gestor cultural y artista circense, coincide en la relevancia del circo como una forma de cultura cercana y popular: “El circo ha llegado a muchos lugares del país donde no llegan otras formas de entretención o cultura. Tiene esa importancia porque es una de las artes más cercanas a la gente, muy distinta a expresiones más académicas como la ópera o la danza”.
El arte de lo nómada
Ya sean plazas, barrios o ciudades, el circo abre un espacio que democratiza la cultura y rompe con la rutina. No siempre es refinado o pomposo, pero es capaz de acercar la diversión y el jolgorio a un público que no todos los días tiene la oportunidad de otras ofertas artísticas.
Esta expresión itinerante comparte su espíritu con diversas manifestaciones e íconos folclóricos, como los chinchineros o titiriteros. Su naturaleza ambulante, explica Vergara, brinda una característica única: “Es un arte que va dejando una estela por donde pasa, levantando espacios y compartiendo con la comunidad. Trabaja con las habilidades humanas, lo que genera cercanía y la idea de que todos podemos ser parte”.
Una nueva era
No obstante, la era digital y las redes sociales han significado un completo reto. Desde la pandemia, se generó una aceleración en la adaptación a nuevas tecnologías y plataformas. Ya sea por la entretención a corto plazo que se encuentra al alcance de un clic, o por el poco interés por espectáculos tradicionales, el circo se enfrenta a una competencia constante con plataformas de consumo rápido y contenidos virales.
De igual forma, los artistas se han adaptado a usar estas plataformas y contenidos como herramienta de difusión: “Subimos publicidad a las páginas del circo, hacemos transmisiones en vivo e invitaciones. Así buscamos que el público se interese y pueda asistir”, señalan desde Fénix Circus.
Los obstáculos de la burocracia
Más allá de los desafíos virtuales, el mayor desafío que se enfrenta es el burocrático. Al instalarse en una nueva localidad, los circos deben cumplir con una serie de requisitos: certificaciones eléctricas, seguros para el público, autorizaciones de prevención de riesgos, permisos medioambientes, documentos notariales y otros tramites que, además de ser costosos, ralentizan su funcionamiento.
Para las compañías más reducidas, esta carga se convierte en una barrera difícil de superar, pues muchas veces los recursos económicos y humanos no alcanzan para responder a todas las exigencias. “Cada municipio pide papeles diferentes. Esto significa gastos elevados y muchas veces nos impide trabajar”, explican desde Fénix Circus.
Patrimonio para un futuro
Pese a todas las dificultades, la identidad de esta disciplina sigue existiendo gracias al esfuerzo de miles de exponentes y familias que lo consideran un legado cultural. “El circo es un lugar cercano, callejero, popular. Representa la simpleza de trabajar con el cuerpo y las habilidades humanas, y eso lo hace único”, concluye Lucas Vergara.
Tras cada función, las luces se apagan. Pero los circos siguen con un mismo objetivo en mente: ser reconocidos no solo como un patrimonio cultural, sino como un arte al cual le queda mucho por entregar.
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